jueves, 8 de noviembre de 2012

Reseña: El árbol de las brujas.


Un día al año la vida y la muerte se mezclan dando lugar a algo mágico, interesante ¿no es cierto? Hace muchos siglos que existe esta fecha en todos los lugares pero con diferentes nombres.

Noche y día, invierno y verano, tiempo de sembrar y tiempo de recoger, vida y muerte... sintetizado en una sola noche a través de miles de años de muerte, oscura y tenebrosa.

"- La fiesta de Samhain...
 - El día de los muertos queridos...
 - Todas las almas, todos los santos.
 - La fiesta de las brujas.

Todo se suma y se complementa. Este año, cien años atrás, cuatro mil años atrás, un lugar u otro pero las celebraciones siempre son la misma..."

En este relato Ray Bradbury narra una noche de brujas como cualquier otra en la que ocho niños van a "La casa de los fantasmas", la única casa del pueblo que vale la pena visitar en este día, al encuentro de su amigo Pipkin. Al llegar ahí el dueño de la casa, Carapacho Clavícula Mortajosario, les da "prenda y premio"* desde el momento en que ponen un pie dentro de la casa hasta llegar al árbol de las calabazas, donde todas ellas tenían cara, cada una diferente... cada nariz, cada guiño, cada boca con una sonrisa repulsiva y con velas encendidas en sus crudos interiores.

Por fin ha llegado Pipkin, se escucha a lo lejos, se ve a lo lejos pero... ¡oh, no! algo oscuro se desmigajó, danzó y se escurrió; alejándose, llevándoselo. ¿La muerte se apoderó de Pipkin y huyó? Sería más correcto decir que lo tomó en préstamo, quizá para pedir rescate. ¿A dónde lo llevó? a la Comarca Ignota, donde el pasado es oscuro y está poblado de pesadillas.

Estos ocho amigos guiados por Mortajosario viajarán por la historia, a través del tiempo y del espacio, de un lugar a otro. Descubrirán dónde empezó esta celebración, cuándo, por qué y para qué; sería hace más de 3,000 años con los celtas, en Egipto durante el aniversario de la gran muerte del Sol, en la Bretaña Druida con Samhain el dios de los muertos, entre las brujas de Europa, en los techos de París con las frías gárgolas al acecho o en México con los cementerios y los muñecos calavera, que son un vínculo de la vida con la muerte.

Siempre con el objetivo de salvar el alma del buen Joe Pipkin, a quien consideran el chico más extraordinario que jamás hubiera existido, pero... si en realidad la muerte se lo llevó para pedir rescate ¿qué les pedirá a cambio?