"Hay muchas maneras de ver televisión, así como hay muchos modos de hacer televisión. Pero sobre todo, hay muchas maneras de abordar la recepción televisiva. Hay muchas televidencias." Orozco, G. (1994)
La sociedad en la que vivimos es una sociedad de la información y las tecnologías en la que la televisión ocupa un lugar destacado y que nos muestra una realidad que, queramos o no, en muchos casos o situaciones conforma nuestras maneras de ser y hacer puesto que conciente o inconcientemente tomamos referencias de lo anteriormente visto o experimentado.
Muchas personas se quejan de que no hay
suficiente programación educativa, cultural, o “inteligente” en la televisión,
afirmando que los programas que se ofertan son para gente estúpida que gusta
del morbo y las tonterías, aseverando que el origen del bajo nivel de la
televisión se debe a la poca cultura o escaso interés de tener programas de
calidad; mientras que hay quienes opinan que, si no hay una mejor oferta ven lo
que les presentan ya que la televisión es uno de los medios de distracción más
comunes.
Para
muchas personas ver televisión es una actividad programada y frecuentemente
sucede que uno se encuentra, a veces de modo azaroso, frente al televisor
manipulando el control remoto por que no encuentra nada “bueno” que ver. La
televisión, a través de algunos programas que no formulan ningún juicio
crítico, no motivan a las audiencias a cultivar sus conocimientos, y por el
contrario, elogian y exaltan el morbo, el sexo y demás situaciones incomodas y
carentes de pudor, moral y valores; los modelos de vida que pueden observarse
en la televisión integran estilos de comportamiento y valores que en la mayoría
de las ocasiones no coinciden, o incluso son opuestos, a los que padres y
madres desean para sus hijos; programación que tiene grandes audiencias y que marca
una “línea” que siguen las demás televisoras, disminuyendo la cantidad de
programas culturales, educativos o de cualquier tipo en el que sea necesario pensar
para proporcionar algo ya digerido.
Entonces
algunas de las preguntas que nos hacemos son ¿qué resguardos, controles,
supervisión o mirada crítica se tiene sobre las programaciones de las diversas
televisoras desde la sociedad?, ¿Cómo aprender a utilizar responsablemente la
televisión y construir un estilo de vida que nos permita regular de manera
autónoma y crítica su consumo? Y aún más importante ¿Cómo es que a pesar de las
críticas a la programación televisiva y a su nulo contenido es que se sigue
ofertando y consumiendo tan pobre compendio?
Ciertamente
la televisión con todos sus aspectos susceptibles de crítica debe ser
considerada también un medio de aprendizaje y educación en el que se pueden
generar cambios de actitudes, eliminar prejuicios y mostrar las diferentes
sociedades y contextos.
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